Salud y semántica
Señor Director:
El significado de las palabras no es trivial, puesto que esa "mera cuestión semántica" es la única que nos permite entendernos, dialogar, y tomar nuestras propias decisiones con real libertad. La ministra de Salud está en todo su derecho de definir hospital como "establecimiento que genere egresos hospitalarios", pero si no lo dice antes de anunciar nuevos hospitales, sus interlocutores creemos que está usando el concepto más ordinario de "hospital" (lugar donde la gente se "hospitaliza"), y genera confusión y engaño.
Desgraciadamente, la ministra Barría ya ha cometido este error varias veces. Por ejemplo, cada vez que ha afirmado que la llamada píldora del día después no es "abortiva", sin advertirnos previamente que ella excluye del término "abortivo" la eliminación de un embrión preimplantacional, que es uno de los posibles efectos de la PDD. Ella no miente, pero como sus interlocutores entendemos otra cosa por "abortivo", estamos siendo víctimas de una engañosa confusión semántica y privados de una real libertad para asumir o no el riesgo de matar a un hijo.
El Ministerio de Salud ya gastó tiempo y dinero en comprar las píldoras que ningún laboratorio en Chile quiso producir, y está obligando por ley a las farmacias a comprar y vender un fármaco que ninguna tampoco se ha interesado por adquirir.
Por tanto, y más allá de las camas que se pudieran haber comprado con los 17 millones de pesos, se vuelve imprescindible reconocer que la semántica es saludable; puesto que sólo conociendo la verdad (qué se está significando con las palabras que se dicen; qué significa que "la píldora no es abortiva"), las personas podremos decidir con libertad.
M. Alejandra Carrasco B.
Instituto de Filosofía
Pontificia Universidad Católica
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lunes, 28 de mayo de 2007
jueves, 10 de mayo de 2007
Beca Presidente de la República
Señor Director:
Hace dos meses el ministro Secretario General de Gobierno, Ricardo Lagos Weber, expuso en una airada defensa de los méritos que lo llevaron a recibir, en 1991, la beca Presidente de la República, respondiendo así al artículo "Los ministros ex becarios" publicado en el Cuerpo de Reportajes del 4 de marzo de este año.
Según expone Lagos Weber en su carta, lo más grave del reportaje es que omite "información fundamental" para entender por qué fue merecedor de la beca Presidente de la República para realizar un doctorado en Cambridge.
Sin embargo, a partir de nueva información recibida por la Cámara de Diputados, hemos podido comprobar que el secretario de Estado en sus aclaraciones omite un hecho esencial como es que no terminó sus estudios en Cambridge para los que fue becado. En cambio, decidió aceptar una oferta de empleo remunerado.
El tema envuelve un asunto de principios: No es aceptable que se entreguen cuantiosos recursos públicos para realizar un programa de estudios específicos admitiendo que el beneficiario pueda abandonarlos a su libre albedrío. Los fondos de la beca Presidente de la República no son de libre disposición. Muchos postulantes que, es de presumir, no habrían abandonado sus estudios no los recibieron, ya que estos no son ilimitados. Sí los recibió el actual ministro, pero este no cumplió la contrapartida mínima de los mismos: Terminar sus estudios. Han pasado 15 años desde que el ministro Lagos obtuvo fondos públicos para realizar estudios que no terminó. Lo que corresponde, en resguardo de la transparencia y la fe pública, es que el beneficiado devuelva los fondos que lo favorecieron, los que a "vuelo de pájaro" hoy superan los 100 mil dólares.
Y en cuanto a la omisión en la que él ha incurrido en sus explicaciones a este diario, una simple reflexión: El ex Superintendente Etchegaray renunció por menos.
Nicolás Monckeberg
Diputado
Hace dos meses el ministro Secretario General de Gobierno, Ricardo Lagos Weber, expuso en una airada defensa de los méritos que lo llevaron a recibir, en 1991, la beca Presidente de la República, respondiendo así al artículo "Los ministros ex becarios" publicado en el Cuerpo de Reportajes del 4 de marzo de este año.
Según expone Lagos Weber en su carta, lo más grave del reportaje es que omite "información fundamental" para entender por qué fue merecedor de la beca Presidente de la República para realizar un doctorado en Cambridge.
Sin embargo, a partir de nueva información recibida por la Cámara de Diputados, hemos podido comprobar que el secretario de Estado en sus aclaraciones omite un hecho esencial como es que no terminó sus estudios en Cambridge para los que fue becado. En cambio, decidió aceptar una oferta de empleo remunerado.
El tema envuelve un asunto de principios: No es aceptable que se entreguen cuantiosos recursos públicos para realizar un programa de estudios específicos admitiendo que el beneficiario pueda abandonarlos a su libre albedrío. Los fondos de la beca Presidente de la República no son de libre disposición. Muchos postulantes que, es de presumir, no habrían abandonado sus estudios no los recibieron, ya que estos no son ilimitados. Sí los recibió el actual ministro, pero este no cumplió la contrapartida mínima de los mismos: Terminar sus estudios. Han pasado 15 años desde que el ministro Lagos obtuvo fondos públicos para realizar estudios que no terminó. Lo que corresponde, en resguardo de la transparencia y la fe pública, es que el beneficiado devuelva los fondos que lo favorecieron, los que a "vuelo de pájaro" hoy superan los 100 mil dólares.
Y en cuanto a la omisión en la que él ha incurrido en sus explicaciones a este diario, una simple reflexión: El ex Superintendente Etchegaray renunció por menos.
Nicolás Monckeberg
Diputado
viernes, 4 de mayo de 2007
Respuesta a Hipocresia ante el dinero.
Hipocresía ante el dinero
Con este título, en su edición del día 30 de abril, don Juan Esteban Puga Vial publicó una carta a propósito del proyecto de reforma a la LOCE para eliminar el lucro de la actividad educacional.
Lo primero que me nace decir acerca de sus razonamientos, todos muy realistas, es que yo no creo en el principio de contradicción, de modo que, pensando de una manera diametralmente opuesta a la suya, puedo reconocer que hay en sus palabras una verdad.
Reconocido esto cabe agregar, sí, que su verdad es en extremo sesgada... Al punto que leyendo su carta en la que parece querer decirse que todos los hombres del mundo, en todos los oficios y profesiones, trabajan con fines de lucro, el lector se ve en la obligación de preguntarse qué concepción del hombre tiene don Juan Esteban, dado que el "Lucro" consiste en subordinar las motivaciones de nuestros actos al propósito exclusivo de ganar dinero.
Sin querer exhibir una contradicción absoluta con sus razones, ante ellas me nace recordar aquí la definición que Goethe dio de la "cultura". Dijo Goethe al respecto: "La cultura es amor". Con lo cual quiso decir que todo lo que el hombre ha hecho de verdaderamente grande a través de la historia lo ha hecho antes que nada por amor (por la 9.a Sinfonía, Beethoven recibió de la Sociedad Filarmónica de Londres el sueldo que recibe hoy al mes una secretaria de dirección). Los albañiles que construyeron la catedral de Chartres recibían por su trabajo un salario mensual de muy mediana cuantía, lo cual les permitía vivir decentemente en las modestas y encantadoras casitas del burgo medieval. Ningún arquitecto constructor de catedrales se enriqueció por levantar hacia el cielo los más hermosos templos que la mano del hombre ha construido. Pongo este ejemplo sólo para decir que en el ámbito de una concepción cristiana del hombre se parte del supuesto de que todo ser humano está llamado a "realizar algo" en su vida, y la motivación de ese "algo", por modesto que sea, es anterior o debe ser anterior a todo propósito de beneficio material. Es obvio, naturalmente, que la realización de ese algo en el seno de la sociedad requiere de ciertos medios. Y los medios deben ser siempre sólo eso. Esa es la ventaja espiritual que ciertas épocas pasadas tienen sobre la nuestra.
Así, la verdad contenida en las palabras del señor Puga es válida para estos tiempos, pero es una triste verdad.
GASTÓN SOUBLETTE
Con este título, en su edición del día 30 de abril, don Juan Esteban Puga Vial publicó una carta a propósito del proyecto de reforma a la LOCE para eliminar el lucro de la actividad educacional.
Lo primero que me nace decir acerca de sus razonamientos, todos muy realistas, es que yo no creo en el principio de contradicción, de modo que, pensando de una manera diametralmente opuesta a la suya, puedo reconocer que hay en sus palabras una verdad.
Reconocido esto cabe agregar, sí, que su verdad es en extremo sesgada... Al punto que leyendo su carta en la que parece querer decirse que todos los hombres del mundo, en todos los oficios y profesiones, trabajan con fines de lucro, el lector se ve en la obligación de preguntarse qué concepción del hombre tiene don Juan Esteban, dado que el "Lucro" consiste en subordinar las motivaciones de nuestros actos al propósito exclusivo de ganar dinero.
Sin querer exhibir una contradicción absoluta con sus razones, ante ellas me nace recordar aquí la definición que Goethe dio de la "cultura". Dijo Goethe al respecto: "La cultura es amor". Con lo cual quiso decir que todo lo que el hombre ha hecho de verdaderamente grande a través de la historia lo ha hecho antes que nada por amor (por la 9.a Sinfonía, Beethoven recibió de la Sociedad Filarmónica de Londres el sueldo que recibe hoy al mes una secretaria de dirección). Los albañiles que construyeron la catedral de Chartres recibían por su trabajo un salario mensual de muy mediana cuantía, lo cual les permitía vivir decentemente en las modestas y encantadoras casitas del burgo medieval. Ningún arquitecto constructor de catedrales se enriqueció por levantar hacia el cielo los más hermosos templos que la mano del hombre ha construido. Pongo este ejemplo sólo para decir que en el ámbito de una concepción cristiana del hombre se parte del supuesto de que todo ser humano está llamado a "realizar algo" en su vida, y la motivación de ese "algo", por modesto que sea, es anterior o debe ser anterior a todo propósito de beneficio material. Es obvio, naturalmente, que la realización de ese algo en el seno de la sociedad requiere de ciertos medios. Y los medios deben ser siempre sólo eso. Esa es la ventaja espiritual que ciertas épocas pasadas tienen sobre la nuestra.
Así, la verdad contenida en las palabras del señor Puga es válida para estos tiempos, pero es una triste verdad.
GASTÓN SOUBLETTE
jueves, 3 de mayo de 2007
Hipocresía ante el dinero
El proyecto de reforma a la LOCE pretende eliminar el lucro de la actividad educacional. Tal vez aquí esté el grave problema de la Concertación y, con ella, de la mayoría de los chilenos: una cierta hipocresía ante el dinero. El obrero, el médico, el ingeniero, el futbolista, el abogado, el empresario, etcétera trabajan con fines de lucro. Tanto el empresario como el trabajador trabajan e invierten con fines de lucro. El dinero, por otro lado, es algo bueno en sí mismo: un medio de pago, una unidad de valor, un mecanismo de intercambio de bienes y servicios muy útil. Ver la maldad en las cosas es como creer malo un cuchillo porque sirvió a un criminal. En otras palabras, es bueno trabajar por dinero y cada vez que el hombre ha querido intervenir en esto, las cosas han sido para peor, pues, en palabras de Pascal, el hombre es medio bestia y medio ángel, pero cuando quiere ser sólo ángel, se convierte en la peor de las bestias.
Nada hay de malo de lucrar con la educación: que los profesores, que los sostenedores, que inversionistas, etcétera, obtengan utilidades de su gestión es bueno y provechoso. Restar a la educación de este asunto es tan ilegítimo como pedirles a los funcionarios públicos que trabajen sin fines de lucro.
Pero más al fondo de todo está este pudor por ganar dinero. Lo vergonzoso de este país es que mucha gente no gana dinero suficiente. No es cierto que no lo gana porque el empresario lo explota. El empresario preferiría si es posible tener sólo máquinas que funcionen día y noche sin parar y mucha gente rica que le comprare sus bienes o servicios. Por eso que en los países ricos hay más empresarios que en los pobres. Todos queremos llegar a vender a EE.UU., Japón o Europa... muy pocos se interesan por vender en Níger o Ghana. La función del empresario no es generar empleo, es generar riqueza, ojalá con los menos trabajadores posibles.
En Chile, los trabajadores son mal pagados porque su productividad es baja y todos sabemos que la productividad depende en gran medida de la educación y del desarrollo intelectual y emocional de las personas, área en donde la Concertación ha acusado su peor falencia.
JUAN ESTEBAN PUGA VIAL
Nada hay de malo de lucrar con la educación: que los profesores, que los sostenedores, que inversionistas, etcétera, obtengan utilidades de su gestión es bueno y provechoso. Restar a la educación de este asunto es tan ilegítimo como pedirles a los funcionarios públicos que trabajen sin fines de lucro.
Pero más al fondo de todo está este pudor por ganar dinero. Lo vergonzoso de este país es que mucha gente no gana dinero suficiente. No es cierto que no lo gana porque el empresario lo explota. El empresario preferiría si es posible tener sólo máquinas que funcionen día y noche sin parar y mucha gente rica que le comprare sus bienes o servicios. Por eso que en los países ricos hay más empresarios que en los pobres. Todos queremos llegar a vender a EE.UU., Japón o Europa... muy pocos se interesan por vender en Níger o Ghana. La función del empresario no es generar empleo, es generar riqueza, ojalá con los menos trabajadores posibles.
En Chile, los trabajadores son mal pagados porque su productividad es baja y todos sabemos que la productividad depende en gran medida de la educación y del desarrollo intelectual y emocional de las personas, área en donde la Concertación ha acusado su peor falencia.
JUAN ESTEBAN PUGA VIAL
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